El editorial de El Periódico de Aragón de hoy lo resume con precisión: “Un freno en la construcción.” La ralentización del sector comienza a sentirse en toda la comunidad, pero en Zaragoza adopta un rostro concreto y persistente: la desigualdad entre los barrios que crecen y los que esperan.
Mientras en Arcosur y otras zonas del sur se anuncian nuevas promociones, equipamientos y proyectos urbanísticos, barrios consolidados como Las Fuentes y Montemolín siguen aguardando un impulso real. Nadie discute que los nuevos desarrollos sean necesarios, pero resulta incomprensible que la ciudad dé la espalda a su propio corazón.
Las Fuentes está a diez minutos del centro. Tiene transporte, servicios, espacios comunitarios y una trama urbana viva. Sin embargo, el suelo permanece parado, los solares sin uso y las oportunidades se esfuman. No faltan calles: falta voluntad política.
Esta parálisis revela algo más profundo que un freno en la construcción: muestra un modelo de ciudad desequilibrado, que premia la expansión pero descuida la rehabilitación. Apostar por la periferia no debería significar abandonar los barrios históricos; regenerar lo existente es también una forma de construir futuro.
La igualdad urbana se mide en hechos, no en discursos. Y en Zaragoza, los hechos siguen concentrándose siempre en los mismos puntos del mapa. Si de verdad se quiere hablar de vivienda asequible, cohesión y justicia territorial, habrá que empezar por mirar donde la ciudad ya existe, pero espera ser reconocida.
Quizá haya que preguntárselo directamente a quienes gobiernan:
¿por qué Las Fuentes, un barrio con historia, humanidad y pulso social, sigue sin aparecer en los planes de crecimiento?
Porque la Zaragoza equilibrada que muchos prometen solo llegará cuando dejen de crecer los planos y empiecen a crecer los barrios.
Laureano Garin Lanaspa

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