Ryanair ha decidido que solo podrán embarcar quienes muestren su billete a través del móvil. El papel, dicen, ya no sirve. Pero en esa decisión aparentemente moderna se esconde una vieja desigualdad: la que separa a quienes tienen recursos digitales de quienes viven al margen de ellos.
¿Qué pasa con las personas mayores? ¿Con quienes no tienen un teléfono inteligente o no saben usarlo? ¿Con los viajeros que, por costumbre o seguridad, prefieren llevar su billete impreso?
La digitalización es un avance, sí, pero no puede convertirse en un filtro social. No todos los ciudadanos viven al mismo ritmo ni con las mismas herramientas. Convertir la tecnología en obligación es otra forma silenciosa de exclusión.
Incluir no es retroceder. Incluir es ofrecer opciones, acompañar, respetar los tiempos y las capacidades de cada persona.
Una sociedad moderna no es la que más pantallas tiene, sino la que más puertas abre.
Porque la verdadera modernidad no despega en un aeropuerto: vuela en la mirada de quien se siente parte y no descartado.
Laureano Garin Lanaspa

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