(A propósito de la Bebedora de Orujo en Las Fuentes)

No hay nada más incómodo para el poder que una mujer que no pide perdón.

Y si esa mujer, además, no es joven ni complaciente, ni aparece en las revistas de arte, ni sonríe para adornar plazas… sino que está sentada, sola, oxidada, bebiendo orujo en mitad del barrio, la incomodidad se vuelve sospecha. Y la sospecha, censura.

Así ocurre con esta figura recortada en acero por oxicorte, que no representa lo bello, sino lo real.

No es bronce, no es mármol, no tiene pedestal. Es hierro expuesto al viento y al juicio.

Una mujer que no pide permiso. Una mujer que ocupa su espacio sin pedir disculpas. Una mujer que bebe —sí— y vive.

Y eso duele.

Duele a quienes siempre han querido esconder la miseria debajo de la alfombra.

Duele a quienes creen que el arte debe ser neutro, limpio, sin manchas.

Duele a quienes nunca han bajado al barro ni han sentido el silencio de la exclusión.

Esta escultura molesta porque no adorna, denuncia.

Porque no embellece, revela.

Porque no representa a una musa, sino a una mujer de carne, metal y cicatrices.

Representa a muchas. A las que pasaron por la vida con los labios resecos y las manos vacías.

A las que el sistema empujó al margen y luego culpó por estar allí.

A las que se cayeron pero no se borraron, porque nunca fueron una cifra ni una nota a pie de página.

Es una figura que rompe el relato único y se convierte en espejo de verdades incómodas.

Muchos no la entienden. Pero el arte que no incomoda, ¿de qué sirve?

Esta mujer sin nombre no está para agradar. Está para existir en voz alta. Para reclamar el derecho a estar sentada en la plaza, aunque huela a hierro viejo, aunque no sonría.

Es arte popular, callejero, barrial y brutalmente honesto.

Y si incomoda, es porque nos obliga a mirar de frente.

A mirarnos a nosotros mismos.

Porque quizás no nos molesta la escultura…

…nos molesta lo que dice de nuestra sociedad.

…nos molesta que no podamos ignorarla.

…nos molesta que nadie la pueda echar.

Y eso, en los tiempos que corren, es mucho más que arte.

Es un grito que no se oxida.

Enlace del video:

https://www.facebook.com/reel/1957487627989863?locale=es_ES