Educar en tiempos inciertos: cuando enseñar también es resistir “

El artículo de nuestro amigo Jesús Jiménez sobre qué significa ser docente hoy nos interpela de lleno. Porque en la Escuela de Familias Cívitas/FACU donde madres, padres, abuelas y educadores compartimos dudas, miedos y aprendizajes, entendemos bien lo que supone enseñar en un tiempo donde la educación se ha convertido en un acto de resistencia social.

Las cifras, los informes y las reformas educativas cambian, pero lo esencial sigue intacto: educar es acompañar a una persona en su proceso de ser. Y eso exige algo más que currículos o tecnologías; exige presencia, empatía y compromiso humano.

Coincidimos con el autor cuando señala que la formación docente sigue siendo una tarea pendiente. Porque no se trata solo de acumular titulaciones, sino de preparar corazones y miradas capaces de entender a cada niño y cada familia. El buen maestro no enseña desde el libro, sino desde la vida, y eso se aprende con el tiempo, con el ejemplo y con la comunidad.

En barrios como Las Fuentes o Montemolín, donde muchas familias viven con lo justo, los maestros y maestras son más que docentes: son referentes morales y emocionales. Son quienes detectan antes que nadie una situación de abandono, de hambre o de violencia. Son quienes mantienen viva la esperanza cuando todo lo demás falla.

Por eso, cuando hablamos de “malestar docente”, no hablamos solo de cansancio laboral. Hablamos de un desánimo social profundo, de sentir que la educación ha perdido centralidad en el debate público. Pero también de la fuerza que da el saber que, pese a todo, enseñar sigue siendo uno de los mayores actos de amor colectivo.

El informe TALIS mide satisfacción y condiciones, pero hay algo que no puede medir: la emoción de ver a un niño avanzar, la complicidad con las familias, el orgullo silencioso del trabajo bien hecho.

Y ahí está la raíz del compromiso que defendemos: una escuela que no solo instruye, sino que transforma, donde la familia y el profesorado reman juntos, sin culpa, sin distancia, sin miedo.

Desde la Escuela de Familias Cívitas, nuestra mirada es clara:

no hay futuro sin educación,

no hay educación sin maestros,

y no hay maestros sin reconocimiento ni apoyo real.

Educar hoy es resistir, cuidar, y seguir creyendo en lo que algunos dan ya por perdido: la capacidad de cambiar vidas a través del ejemplo, la palabra y el cariño.

Esa sigue siendo la mayor lección que este tiempo nos deja.

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