“ Que nadie nos robe las ganas de construir el bien común “

CORREO DEL LECTOR. 8 junio 2026

Laureano Garin Lanaspa “NANO”

Las palabras pronunciadas por el Papa León XIV no constituyen únicamente un discurso religioso o institucional. Son, ante todo, una llamada a la humanidad, a la convivencia, a la dignidad de las personas y al compromiso con quienes más lo necesitan.

Su mensaje ha recorrido cuestiones fundamentales de nuestro tiempo: la familia, la infancia, la juventud, la vulnerabilidad, la pobreza, la soledad, la convivencia, la paz, el cuidado de la creación y la responsabilidad compartida de construir una sociedad más justa y más humana. Pero, sobre todo, ha transmitido un mensaje de esperanza en un momento en el que muchas personas necesitan volver a creer que es posible avanzar juntos.

Quienes formamos parte del movimiento asociativo conocemos bien la realidad de los tiempos que vivimos. Sabemos que trabajar por las personas, impulsar proyectos sociales, fortalecer la convivencia o defender los derechos de los ciudadanos no siempre resulta fácil. Con frecuencia encontramos dificultades, incomprensiones e incluso actitudes que parecen orientadas más a desanimar que a colaborar.

Sin embargo, precisamente por eso adquieren un valor especial las palabras que apelan a la responsabilidad, al diálogo, a la fraternidad y al bien común. Porque una sociedad solo progresa cuando es capaz de sumar esfuerzos, reconocer el trabajo de los demás y situar a la persona en el centro de sus decisiones.

Desde la Federación Aragonesa de Consumidores y Usuarios, a través del proyecto Tiempo en Equilibrio, y desde la Asociación Cívitas mediante el programa Tiempo para Crecer, compartimos plenamente esa visión. Nuestro trabajo diario se fundamenta en la convicción de que las familias, la educación, la participación ciudadana, la solidaridad, la convivencia y la igualdad de oportunidades constituyen pilares esenciales para construir una comunidad más cohesionada y más fuerte.

A lo largo de los años hemos tenido la fortuna de encontrarnos con personas que han hecho de la humanidad una forma de entender la vida. Personas que, más allá de diferencias ideológicas, sociales o personales, situaban siempre el bien común por encima de cualquier otra consideración. Personas capaces de escuchar antes que juzgar, de dialogar antes que confrontar y de tender la mano antes que levantar barreras.

Esa forma de entender la vida y el servicio a los demás es la que reconocemos en el mensaje que hemos escuchado. Un mensaje que habla de voluntad, compromiso, vulnerabilidad, fraternidad, respeto, solidaridad y esperanza. Valores que no pertenecen a una ideología ni a una institución concreta, sino que forman parte del patrimonio moral de toda sociedad que aspire a ser verdaderamente humana.

Frente al desapego, proponemos cercanía.

Frente a la confrontación, proponemos diálogo.

Frente a la indiferencia, proponemos compromiso.

Frente al individualismo, proponemos comunidad.

Frente al desánimo, proponemos esperanza.

Porque hay algo que quienes trabajan diariamente en las asociaciones conocen muy bien. Los proyectos no se sostienen únicamente con recursos económicos, normas o estructuras organizativas. Se sostienen, sobre todo, gracias a la voluntad, la ilusión y el compromiso de las personas que creen en ellos.

Por eso resulta tan importante cuidar la esperanza. Cuando una sociedad deja de creer en sí misma, cuando el desánimo sustituye al compromiso y cuando la indiferencia ocupa el lugar de la solidaridad, todos perdemos algo valioso.

A lo largo de nuestra trayectoria hemos comprobado que siempre existirán obstáculos y dificultades. También personas que parecen más preocupadas por señalar problemas que por construir soluciones. Pero la respuesta nunca puede ser la resignación.

Las asociaciones, las entidades sociales y todas las personas comprometidas con el bien común tienen la responsabilidad de perseverar. No por interés propio, sino porque detrás de cada proyecto hay familias, personas mayores, jóvenes, niños y niñas que necesitan oportunidades, acompañamiento, comprensión y esperanza.

Quizá una de las enseñanzas más valiosas del mensaje de León XIV sea precisamente esa: recordar que la humanidad avanza gracias a quienes son capaces de escuchar, dialogar, comprender y trabajar por los demás sin perder la confianza en las personas.

Las políticas, las instituciones y las decisiones públicas tienen sentido cuando están al servicio del ser humano. Resulta difícil comprender cualquier planteamiento que se aleje de ese principio fundamental. La dignidad de la persona, la protección de los más vulnerables, la defensa de las familias, la promoción de la convivencia y la búsqueda del bien común deben seguir siendo la referencia principal de toda acción pública y social.

Por nuestra parte, seguiremos trabajando con la misma convicción que nos ha acompañado hasta ahora. Con errores y aciertos, con dificultades y esperanzas, pero siempre con la voluntad de contribuir a una sociedad mejor.

Porque si algo hemos aprendido es que no podemos permitir que nadie nos robe las ganas de seguir construyendo comunidad.

Mientras conservemos esa voluntad de servir, de ayudar, de compartir y de mantener viva la esperanza, siempre encontraremos razones para seguir adelante.

Y mientras existan personas dispuestas a trabajar por los demás, siempre habrá futuro para el bien común.

CIVITAS/FACU/AGUDORAS/RIOS LAS FUENTES Y VOLUNTARIADO SOCIAL LAS FUENTES